
Así transcurren las noches, tendidos juntos, olvidando los ayeres sobre un tejido construido a base de caricias, mientras los sueños siguen pasando dejando sus huellas que van enchastrando las horas. Entonces transcurren los silencios hasta que al otro día su cara femenina, fatal y resplandeciente, va renaciendo con dificultad pero como si nada hubiera pasado, ausente de las estructuras, los esquemas y las catástrofes, tierna, todavía adormecida emitiendo un grito de rebeldia, negandose a abrir los ojos y a la vez pidiendole permiso al mundo para amanecer.
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