lunes, 28 de julio de 2008

Compañia

Manuel no era el mismo desde aquel incidente, sus pasos cortos parecían ahora más tristes, distraído, muy molesto y con una voz acuestas demasiado entrecortada que iba pegando saltos a traves de las oraciones. Ella lo entendía y no decía nada al respecto, solo se limitaba a observarlo y hacerle caricias mientras dormía en algún rincón de la casa, acompañando siempre en silencio como todo buen fantasma debería hacer, hasta que fuera prudente retirarse y dejarlo comenzar una nueva vida.

1 comentario:

Enredada dijo...

Ella, fantasma prudente y cálido...
el amor más allá de todo y del más allá..
besos