jueves, 24 de julio de 2008

Empeño

Hacían falta tantas cosas en la casa, pensó Rubén, que el sacrificio bien valía la pena y al entrar al local de empeños se sentó como si nada en el maquina de los sentidos, abandonando la posibilidad ver sus últimos colores por unos cuantos pesos. Un rato más tarde vinieron los efectos secundarios, el mareo, las nauseas y una difusa dificultad para enfrentar un mundo que parecia nuevo, ahora en blanco y negro.

1 comentario:

Enredada dijo...

Entregar todo o casi todo...
por algo?
...
genial!