Paso 2: no tener una calefacción digna.
Paso 3: encerrarse en su casa con su perro, las ventanas bloqueadas y muchos paquetes de cigarrillos.
Paso 4: fumar hasta descostillarse por vicio o con la simple excusa de tomar algo de calor corporal.
Paso 5: toser junto al perro en una enorme nube de intoxicación.
Paso 6: enterrar al perro fallecido por una anomalía en los pulmones en algún pozo, bolsa o conteiner de escombros entre llantos y sollozos.
Paso 7: finalmente comprarse una mejor calefacción y no volver a tocar un cigarrillo nunca más en su vida.
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